El sonido está compuesto por varias ondas mecánicas. Se llaman así porque requiere de una fuente y de un medio de propagación.

Un ejemplo de ellos se ve en las ondas que nuestro dedo produce cuando lo metemos en el agua. Si no hubiera dedo o agua tampoco habría ondas y lo mismo pasa con el sonido, se requiere una fuente y un medio.

El veloz trabajo del oído junto con el cerebro. Ahora imagina que 19,980 dedos entran en una tina de agua al mismo tiempo y que tu tarea sea detectar las ondas que produce cada dedo y clasificar cada una de estas, en un segundo… ¿Te animarías a hacerlo?

Justamente ese es el trabajo que realiza el oído junto con el cerebro al percibir el rango de sonido de 20 a 20,000 Hertz. (Un Hertz es la cantidad de ondas que hay en un segundo, así que 20 Hertz sería como meter 20 veces un dedo al agua en un segundo).

El “fenónemo de la audición” en 0.04 segundos

El oído interno transforma las vibraciones mecánicas en pulsos eléctricos y el cerebro decodifica esos pulsos creando así el fenómeno de la audición, todo esto en un tiempo estimado de 0.04 segundos. Los matemáticos llaman a este proceso “análisis de Fourier”, en honor al matemático francés del siglo XIX Jean-Baptiste-Joseph Fourier… aunque el oído siempre ha usado esta técnica matemática.

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El cerebro busca sonidos en nuestra memoria

Es en esta parte donde el cerebro, compara aquel sonido que escuchamos con unos cuatrocientos mil sonidos diferentes que ya están acumulados en nuestra memoria. De esta manera puede distinguir si una nota musical procede de un violín o de una flauta, o si conoce a la persona que está hablando. Este proceso se estudia en el campo conocido como psicoacústica.

El cerebro selecciona lo que deseamos oír

Si el sonido resulta familiar, agradable o interesante, entonces el cerebro decide debilitar o hacer menos eficaz los demás ruidos que hay en nuestro alrededor. Así es como selecciona lo que deseamos oír. ¿Has escuchado todos los ruidos que se reproducen en una grabación casera? Pues eso mismo oiríamos todos los días si nuestro cerebro no decidiera hacer tanto cálculos matemáticos como seleccionar las vibraciones acústicas que hay a nuestro alrededor. ¡Interesantes datos curiosos sobre el sonido y lo que hace el cerebro para codificarlos y seleccionarlos!


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