Le tenemos miedo al silencio. Nos incomoda tanto como la ropa interior de estropajo Nanas Níquel. Lo evitamos como si tuviésemos que pagar por cada segundo vacío y lo esquivamos como al mayor de nuestros enemigos.

Pensamos que el silencio es malo e intentamos, sin mucho éxito, llenarlo de palabras random y ruiditos varios. Preferimos el ruido externo al silencio propio. No sé quién empezó primero con esto de que el silencio solo es la ausencia de contenido interesante.

Si lo que vas a decir no es más bonito que el silencio, cállate un poquito.

A nadie le gusta quedarse callado. Todos quieren comentarlo todo, hablar a todas horas, compartir su desbordante vida por encima de sus posibilidades y opinar en alto. Y tú… tú solo quieres silencio.

Pero nos han acostumbrado a pensar que el silencio es negativo («anda, a saber qué cosa estará pensando…»), un castigo («no quiero escucharte en toda la tarde»), una censura («si me quieren, callen»), una falta de conocimiento («eh… yo… verás… es que…») o un trauma vital interno («¿y a ésta qué le pasa ahora?»).

¿Por qué asusta tanto que la persona que tienes enfrente se quede callada?

Se conoce que el archienemigo del silencio es el famoso «¿te pasa algo?». Y no.NO NOS PASA NADA. Normalmente, digo. Está feo que una silencier como yo diga esto pero la gente que está cómoda con el silencio gozan de una fantástica (o al menos amplia) vida interior.

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Es cierto que quizás pensamos más de la cuenta pero no nos asusta quedarnos en blanco mirando un campo de lavanda ni nos preocupa el incómodo momento de compartir treinta y cinco pisos de ascensor con desconocidos que te están mirando de reojo.

Quedarnos callados no siempre tiene que ver con una ausencia de etanol dicharachero en sangre o las pocas ganas de socializar un martes en el vestuario del gimnasio después de una intensa clase de body combat. Olvídalo, el silencio no es inquietante, lo realmente perturbador es hablar del frío en invierno y del calor en verano. Lo alarmante son las respuestas vacías y la preguntas llenas de misericordioso desdén.

No tengas miedo del silencio, ten miedo al que no se calla.

Sí es cierto que otras veces, quedarte en silencio es justo lo contrario y acierta el que piensa mal: estás en silencio porque te pasa todo. Ya decía el influencer Lao-Tse que «el silencio es el grito más fuerte», es como el espacio que hay debajo de la cama en el que guardas todos tus monstruos. No deberíamos sentir rechazo al silencio ni tampoco juzgar al que se queda callado.

Vía: Tendencias – Kuluska


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